Apple Event 2021

IPAD

Chip A13, 20% mas rápido que su anterior. IPAD OS 15. «Center Stage» es una feature donde la cámara sigue a la persona que esta hablando, no solo en Facetime, Zoom y otras APP de video llamadas pueden utilizar este feature también. Camara frontal de 8MP y trasera de 12MP.

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Ipad Mini

Chip A15 Bionic (6 core CPU), 8.3″ de pantalla , Touch ID en el borde, USB C port, 5G, Camara de 12Mp que graba en 4K. Soporta Apple pencil.

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APPLE WATCH Series 7

Wach OS 8, utiliza mas área utilizable de pantalla que lo anteriores, con lo cual tiene mejor visualización. Resistente al polvo y el agua, cargador USB C mas rápido. Nuevo medidor de velocidad (bici, golpe de golf/tenis), y medidor de oxigeno en sangre. Nuevo Fitness +

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A15 Bionic chip, IP68 resistencia al agua, borde de aluminio como el Iphone 12, noth mas chico (20% mas chico), batería mas grande (2.5 mas batería que Iphone 12), XRD display (OLED), A15 Bionic chip (6 core CPU, 15.8 trillones de operaciones por segundo). Dos 12Mp camera (Wide y Ultra wide), Cinematic mode (hace foco según la toma de video), Night Mode, 5G, soporta MagSafe.

Desde U$S 699/799 (5.4″/ 6.1″)

IPHONE 13 PRO 128/256/512MB y 1TB

A15 Bionic chip (5 core CPU), 3 Cameras (Telephoto, Ultra Wide, Wide) con Night Mode (92% mas de luz), Cinematic Mode y ProRestvideo, IP68 Water Resist, soporta MagSafe, Super retina Display XDR con mas brillo, con la capacidad de pasar de 10Hz a 120Hz, viene en dos tamaños 6.1″ y 6.7″, con batería de 2.5 mas que Iphone 12 Pro. 5G.

Desde U$S 999/1099 ( 6.1″ / 6.7″)

TV+

Lanzamientos: The Morning Show, See, Ted Lasso y mucho más. En especial Fundación!

Apple Event 2021

El puente del troll

Quitaron casi todas las vías férreas a principios de los sesenta, cuando yo tenía tres o cuatro años. Recortaron drásticamente el servicio de trenes. Eso significaba que no había adonde ir si no era a Londres, y la pequeña ciudad donde yo vivía se convirtió en el final de la línea.

El primer recuerdo fiable que tengo: a los dieciocho meses, mi madre está en el hospital dando a luz a mi hermana y mi abuela pasea conmigo hasta un puente y me alza para que vea el tren que pasa por debajo, jadeando y echando vapor como un dragón de hierro negro.

Durante los años siguientes, se perdió el último de los trenes a vapor y, con él, desapareció la red de vías férreas que unían pueblo con pueblo, ciudad con ciudad.

Yo no sabía que los trenes estaban desapareciendo. Para cuando tenía siete años, habían pasado a la historia. Vivíamos en una casa vieja en las afueras de la ciudad. Los campos de enfrente estaban vacíos y en barbecho.

Solía saltar la valla y echarme a leer a la sombra de un juncal pequeño; o si me sentía más intrépido exploraba el parque de la casa solariega vacía que había al otro lado de los campos. Tenía un estanque ornamental atascado por las algas, sobre el que había un puente bajo de madera. Nunca vi a un encargado o a un guarda en mis incursiones en los jardines y bosques y nunca intenté entrar en la casa solariega. Eso habría sido exponerse al desastre y, además, para mí era cuestión de fe que todas las casas viejas y vacías estaban embrujadas.

No es que fuera crédulo, simplemente creía en todo lo que era oscuro y peligroso. Parte de mi credo juvenil era que la noche estaba llena de fantasmas y brujas, hambrientos y agitando los brazos y vestidos completamente de negro.

Lo opuesto también era válido y eso me tranquilizaba: la luz del día era segura. La luz del día siempre era segura.

Un ritual: el último día del tercer trimestre escolar, de camino a casa, me quitaba los zapatos y los calcetines y, sujetándolos con las manos, recorría el camino pedregoso de sílex con pies rosados y tiernos. Durante las vacaciones de verano sólo me ponía los zapatos bajo coacción. Gozaba no teniendo que llevar calzado hasta que el colegio empezase otra vez en septiembre.

A los siete años descubrí el sendero que atravesaba el bosque. Era un verano caluroso y radiante y aquel día me alejé mucho de casa.

Estaba explorando. Pasé junto a la casa solariega, con sus ventanas cerradas con tablas y tapiadas, crucé el parque y atravesé unos bosques desconocidos. Bajé gateando por un talud empinado y me encontré en un sendero sombreado que para mí era nuevo y que estaba cubierto de árboles; la luz que atravesaba las hojas estaba teñida de verde y oro, y pensé que me hallaba en el país de las hadas.

Un riachuelo corría junto al sendero, repleto de renacuajos diminutos y transparentes. Cogí algunos y observé cómo se removían y daban vueltas. Luego los devolví al agua.

Paseé por el sendero. Era totalmente recto y estaba cubierto de hierba corta. De vez en cuando encontraba unas rocas fantásticas: cosas fundidas y llenas de burbujas, marrones y violetas y negras. Si las ponías a contraluz veías todos los colores del arco iris. Estaba convencido de que tenían que ser sumamente valiosas y me llené los bolsillos.

Caminé y caminé por el silencioso pasillo dorado y verde y no vi a nadie.

No tenía ni hambre ni sed. Sólo me preguntaba adónde iría el sendero. Iba en línea recta y era totalmente llano. El sendero nunca cambiaba, pero el campo que lo rodeaba sí. Al principio estuve caminando por el fondo de un barranco, con pendientes cubiertas de hierba que ascendían abruptamente a ambos lados. Más tarde, el sendero estaba encima de todo y, mientras andaba, veía las copas de los árboles que había abajo y los tejados de las casas lejanas y aisladas. El sendero era siempre llano y recto, y caminé por él atravesando valles y mesetas y más valles y más mesetas. Al final, en uno de esos valles, llegué al puente.

Estaba hecho de ladrillos rojos y limpios, un arco enorme sobre el sendero. A un lado del puente había unos escalones de piedra excavados en el terraplén y, en lo alto de la escalera, una verja pequeña de madera.

Me sorprendí al ver una prueba de la existencia de la humanidad en mi sendero, pues ya estaba convencido de que se trataba de una formación natural, igual que un volcán. Entonces, con un sentido más de curiosidad que de otra cosa (al fin y al cabo, había recorrido cientos de millas, o eso creía, y podía estar en cualquier sitio), subí los escalones de piedra, abrí la verja y pasé.

No estaba en ningún sitio.

La parte de arriba del puente estaba pavimentada con barro. A cada extremo del puente había un prado. El prado de mi extremo era un campo de trigo; en el otro campo sólo había hierba. En el barro seco se veían las huellas endurecidas de las ruedas enormes de un tractor. Crucé el puente para asegurarme: no se oyó ningún trip-trap, mis pies descalzos no producían ningún sonido.

No había nada en varias millas a la redonda; sólo campos y trigo y árboles.

Cogí una espiga de trigo y saqué los granos dulces, los pelé entre los dedos y los mastiqué meditabundo. Entonces me di cuenta de que empezaba a tener hambre y bajé las escaleras hasta la vía férrea abandonada.

Era hora de irse a casa. No me había perdido; lo único que tenía que hacer era volver a seguir el sendero hasta casa.

Había un troll esperándome, debajo del puente.

―Soy un troll ―dijo.

Era inmenso: su cabeza rozaba el arco de ladrillos. Era más o menos transparente: yo veía los ladrillos y los árboles que había detrás de él, borrosos pero no perdidos. Era todas mis pesadillas en carne y hueso. Tenía dientes enormes y afilados, zarpas desgarradoras y manos fuertes y peludas. Tenía el pelo largo, como una de las muñecas de plástico de mi hermana, y los ojos saltones.

―Te he oído, Jack ―susurró en una voz como el viento―. He oído el trip-trap de tus pasos por mi puente. Y ahora me voy a comer tu vida.

Yo sólo tenía siete años, pero era de día y no recuerdo que estuviese asustado. A los niños les va bien encontrarse con los elementos de un cuento de hadas, están muy preparados para enfrentarse a ellos.

―No me comas ―le dije al troll. Yo llevaba una camiseta a rayas marrones y pantalones de pana marrón. Tenía el pelo castaño y me faltaba un diente de delante. Estaba aprendiendo a silbar entre los dientes, pero aún me faltaba un poco.

―Me voy a comer tu vida, Jack ―dijo el troll. Le miré fijamente.

―Mi hermana mayor vendrá por el sendero muy pronto ―mentí― y está mucho más sabrosa que yo. Cómetela a ella.

El troll olisqueó el aire y sonrió.

―Estás completamente solo ―dijo―. No hay nada más en el sendero. Absolutamente nada.

Entonces se inclinó y me pasó los dedos por encima: fue como si unas mariposas me rozasen la cara, como si me palpara un ciego. Luego se olfateó los dedos y negó con la cabeza.

―No tienes una hermana mayor. Sólo una hermana menor y hoy está en casa de su amiga.

―¿Has adivinado todo eso por el olor? ―pregunté, atónito.

―Los trolls pueden oler los arcos iris y también pueden oler las estrellas ―susurró tristemente―. Los trolls pueden oler los sueños que soñaste antes de que hubieras nacido. Acércate y me comeré tu vida.

―Llevo piedras preciosas en el bolsillo ―le dije al troll―. Quédate con ellas y no conmigo. Mira. ―Le enseñé las rocas preciosas de lava que había encontrado antes.

―Escoria de hulla ―dijo el troll―. Los residuos de los trenes a vapor. Para mí no tienen ningún valor.

Abrió bien la boca. Dientes afilados. Aliento que olía a hongos y a la parte de abajo de las cosas.

―Te voy a comer, ahora- Dijo el Troll.

Se fue volviendo más y más sólido, más y más real; y el mundo exterior se volvió más llano y empezó a desvanecerse.

―Espera ―clavé los pies en la tierra húmeda bajo el puente, moví los dedos de los pies, me agarré fuerte al mundo real. Le miré fijamente a los ojos grandes―. Tú no quieres comerte mi vida. Aún no. Y yo tengo sólo siete años. Aún no he vivido nada. Hay libros que no he leído todavía. Nunca me he subido a un avión. Aún no sé silbar, no mucho. ¿Por qué no dejas que me vaya? Cuando sea mayor y más grande y sea una comida mejor que ahora, volveré contigo.

El troll me miró con ojos como faros. Después asintió con la cabeza.

―Cuando vuelvas, entonces ―dijo. Y sonrió.

Me di la vuelta y caminé por el sendero recto y silencioso donde antes habían estado las vías férreas.

Después de un rato empecé a correr.

Recorrí el camino con pasos pesados, a la luz verde, bufando y resoplando, hasta que sentí un dolor punzante bajo el tórax, el dolor del flato; y, apretándome el costado, llegué a casa a trompicones.

Los campos empezaron a desaparecer a medida que me hacía mayor. Una a una, hilera a hilera, surgieron casas con calles a las que les habían puesto el nombre de plantas silvestres y escritores respetables. Vendieron nuestra casa, un edificio victoriano viejo y ruinoso, y la tiraron abajo; casas nuevas cubrieron el jardín.

Construyeron casas por todas partes.

Una vez  me perdí  en  una urbanización  que cubría dos  prados  de los  que antes  había conocido  cada centímetro. Sin embargo, no me importaba demasiado que los campos estuvieran desapareciendo. Una multinacional compró la antigua casa solariega y el parque se convirtió en más casas.

Pasaron ocho años antes de que regresara a la vieja línea férrea y, cuando lo hice, no estaba solo.

Tenía quince años; había cambiado de colegio dos veces durante ese tiempo. Ella se llamaba Louise y era mi primer amor.

Amaba sus ojos grises y su fino cabello castaño claro y su forma desgarbada de andar (como un cervato que está aprendiendo a andar, lo que suena muy tonto así que pido disculpas): la vi masticando chicle, cuando yo tenía trece años, y me perdí por ella como un ciego en un laberinto.

El problema principal de estar enamorado de Louise era que éramos respectivamente el mejor amigo del otro, y que ambos salíamos con otra gente.

Nunca le había dicho que la amaba, ni siquiera que me gustaba. Éramos colegas.

Había estado en su casa aquella noche: nos quedamos en su habitación y pusimos Rattus Norvegicus, el primer LP de los Stranglers. Era el principio del punk y todo parecía tan emocionante: las posibilidades, tanto en música como en todo lo demás, eran infinitas. Al final fue hora de irse a casa y ella decidió acompañarme. Nos cogimos de la mano, inocentemente, como amigos, y paseamos los diez minutos que había hasta mi casa.

La luna brillaba, el mundo era visible e incoloro y hacía una noche cálida.

Llegamos a mi casa. Vimos luces dentro y nos quedamos en el camino de entrada y hablamos del grupo que yo estaba montando. No entramos.

Entonces decidimos que yo la acompañaría a ella hasta su casa. Así que nos pusimos en camino.

Me habló de las batallas que tenía con su hermana menor, que le robaba el maquillaje y el perfume. Louise sospechaba que su hermana estaba acostándose con chicos. Louise era virgen. Ambos lo éramos.

Estábamos en la calle que había delante de su casa, bajo la luz amarillo sodio de la farola, y nos mirábamos los labios negros y las caras amarillo pálido.

Nos sonreímos.

Entonces nos pusimos a andar, escogiendo calles silenciosas y senderos vacíos. En una de las urbanizaciones nuevas, un sendero nos llevó al bosque y lo seguimos.

El sendero era recto y oscuro, pero las luces de las casas lejanas brillaban como estrellas en la tierra y la luna nos daba luz suficiente para ver. Una vez nos asustamos, cuando algo bufó y resopló delante de nosotros. Nos apretujamos, vimos que era un tejón, nos reímos y nos abrazamos y seguimos andando.

Hablábamos en voz baja, de tonterías, de lo que soñábamos y lo que queríamos y lo que pensábamos. Y todo el tiempo quería besarla y tocarle los pechos y, quizá, meterle la mano entre las piernas.

Al final vi mi oportunidad. Había un puente de ladrillos viejo encima del sendero y nos paramos debajo de él. Me apretujé contra ella. Abrió la boca para besarme.

Entonces se quedó fría y rígida y dejó de moverse.

―Hola ―dijo el troll.

Solté a Louise. Estaba oscuro debajo del puente, pero la figura del troll llenaba la oscuridad.

―La he congelado ―dijo el troll―, para que podamos hablar. Ahora me voy a comer tu vida. El corazón me latía con fuerza y sentía que estaba temblando.

―No.

―Dijiste que volverías conmigo. Y lo has hecho.

¿Aprendiste a silbar?

―Sí.

―Eso está bien. Yo nunca supe silbar ―husmeó y asintió con la cabeza―. Estoy satisfecho. Has crecido en vida y experiencia. Más para comer. Más para mí.

Agarré a Louise, una zombi tiesa, y la empujé hacia delante.

―No me cojas a mí. No quiero morir. Cógela a ella. Apuesto a que está mucho más deliciosa que yo. Además, es dos meses mayor que yo. ¿Por qué no te la llevas a ella?

El troll se quedó callado.

Olisqueó a Louise de pies a cabeza, olfateándole los pies y la entrepierna y los pechos y el pelo.

Entonces me miró.

―Es una inocente ―dijo―. Tú no. No la quiero a ella. Te quiero a ti.

Fui hasta la abertura del puente y me quedé mirando las estrellas del cielo nocturno.

―Pero es que hay tantas cosas que no he hecho nunca

―dije, en parte a mí mismo―. O sea, nunca he… bueno, nunca me he acostado con nadie. Nunca he ido a

América. Y no he… ―hice una pausa―. No he hecho nada. Aún no. El troll no dijo nada.

―Podría volver contigo. Cuando sea mayor. El troll no dijo nada.

―Volveré. De veras que sí.

―¿Que volverás conmigo? ―dijo Louise―. ¿Por qué?

¿Adónde vas?

Me di la vuelta. El troll había desaparecido y la chica que había creído que amaba estaba envuelta por las sombras bajo el puente.

―Nos vamos a casa ―le dije―. Venga. Regresamos y no dijimos ni una palabra.

Louise salió con el batería del grupo de punk que yo había montado y, mucho después, se casó con otro. Nos encontramos una vez, en un tren, después de que se hubiera casado, y me preguntó si recordaba aquella noche.

Le dije que sí.

―Me gustabas mucho, aquella noche, Jack ―me dijo―. Pensé que ibas a besarme. Pensé que ibas a pedirme que saliera contigo. Te hubiera dicho que sí. Si me lo hubieses pedido.

―Pero no lo hice.

―No ―dijo―. No lo hiciste ―llevaba el pelo muy corto. No le quedaba.

No la volví a ver. La mujer estilizada de la sonrisa tensa no era la chica que yo había amado y hablar con ella me hizo sentir incómodo.

Me fui a vivir a Londres y, entonces, unos años después, volví, pero la ciudad a la que regresé no era la ciudad que yo recordaba: no había campos, ni granjas, ni caminitos de pedernal; y me mudé lo antes que pude a un pueblo diminuto a diez millas de allí.

Me mudé con mi familia ―ya estaba casado y tenía un niño pequeño― a una casa vieja que había sido, mucho años antes, una estación de tren. Habían quitado las vías y la anciana pareja que vivía enfrente de nuestra casa utilizaba aquel terreno para cultivar verduras.

Estaba envejeciendo. Un día me encontré una cana; otro, escuché una cinta en la que me había grabado hablando y me di cuenta de que sonaba exactamente igual que mi padre.

Trabajaba en Londres,   en el departamento de contratación de una de las compañías discográficas más importantes. Iba en tren a Londres casi todos los días y volvía a casa algunas noches.

Tenía que alquilar un pisito en Londres; es difícil ir y volver a casa cada día cuando los grupos que estás examinando  no  salen  tambaleándose  al  escenario  hasta medianoche.  Eso  también  significaba que era bastante fácil echar un polvo, si quería, y así era.

Pensé que Eleonora ―así se llamaba mi mujer; debería haberlo mencionado antes, supongo― no sabía nada sobre las otras mujeres; pero regresé de una excursión de dos semanas a Nueva York un día de invierno y, cuando llegué, la casa estaba vacía y fría.

Me había dejado una carta, no una nota. Quince páginas, muy bien mecanografiadas, y todas y cada una de las palabras que había escrito eran ciertas. La posdata incluida, que decía: En realidad no me quieres. Nunca me has querido.

Me puse un abrigo grueso y salí de casa y caminé, estupefacto y un poco atontado.

No había nieve en el suelo, pero había una escarcha dura y las hojas crujían bajo mis pies mientras andaba. Los árboles eran de un negro desnudo contra el cielo invernal crudo y gris.

Caminé junto a la carretera. Me pasaban los coches, que iban o venían de Londres. Una vez tropecé con una rama, medio escondida entre un montón de hojas secas, y me caí, me rasgué los pantalones y me hice un corte en la pierna.

Llegué al pueblo de al lado. Un río formaba un ángulo por la derecha con la carretera y había un sendero junto a él que no había visto nunca, y caminé por el sendero mientras miraba el río medio helado. Borboteaba, salpicaba y cantaba.

El sendero llevaba por unos campos; era recto y estaba cubierto de hierba.

Encontré una roca, medio enterrada, a un lado del sendero. La cogí, le quité el barro. Era un pedazo fundido de una sustancia violácea, con un extraño brillo multicolor. Me la puse en el bolsillo del abrigo y la sostuve en la mano mientras andaba, sintiendo su presencia cálida y tranquilizadora.

El río se alejó serpenteando por los campos y yo seguí andando en silencio.

Llevaba una hora caminando cuando vi las casas, nuevas y pequeñas y cuadradas, en el terraplén que había delante de mí.

Entonces vi el puente y supe dónde estaba: me hallaba en el sendero de las viejas vías férreas y lo había estado siguiendo desde la otra dirección.

Me puse bajo el arco de ladrillos rojos del puente, entre envoltorios de helado y bolsas de patatas fritas y un único condón triste y usado, y observé el vapor de mi aliento en la tarde fría.

La sangre se había secado y se me había quedado enganchada a los pantalones.

Pasaban coches por el puente que había sobre mí; oí una radio muy alta en uno de ellos.

―¿Hola? ―dije, en voz baja, avergonzado, sintiéndome como un idiota―. ¿Hola? No hubo respuesta. El viento hizo susurrar las bolsas de patatas fritas y las hojas.

―He vuelto. Dije que lo haría. Y lo he hecho. ¿Hola? Silencio.

Entonces empecé a llorar, estúpida y silenciosamente, bajo el puente.

Una mano me tocó la cara y alcé la vista.

―Creí que no volverías ―dijo el troll. Ahora tenía mi estatura, pero aparte de eso no había cambiado. Llevaba hojas enredadas en su pelo de muñeco largo y despeinado y tenía los ojos muy abiertos y tristes.

Me encogí de hombros, luego me sequé la cara con la manga del abrigo.

―He vuelto.

Tres niños pasaron por encima de nosotros, por el puente, gritando y corriendo.

―Soy un troll ―murmuró el troll, con una vocecita asustada―

Alargué la mano y le cogí la zarpa enorme. Le sonreí.

―No pasa nada ―le dije―. En serio. No pasa nada. El troll asintió con la cabeza.

Me empujó al suelo, sobre las hojas y los envoltorios y el condón, y se me echó encima. Entonces alzó la cabeza y abrió la boca y se comió mi vida con sus dientes fuertes y afilados.

Cuando acabó, el troll se puso en pie y se sacudió. Se puso la mano en el bolsillo del abrigo y sacó un pedazo de escoria negra y llena de burbujas.

Me la dio.

―Esto es tuyo ―dijo el troll.

Le miré: llevaba mi vida puesta cómodamente, con facilidad, como si la hubiera estado llevando durante años. Cogí la escoria de hulla y la olisqueé. Podía oler el tren de donde había caído, hacía tanto tiempo. La agarré fuertemente con la mano peluda.

―Gracias ―dije.

―Buena suerte ―dijo el troll.

―Sí. Bueno. Ati también. El troll sonrió con mi cara.

Me dio la espalda y empezó a andar por el camino por el que yo había venido, hacia el pueblo, a la casa vacía que yo había dejado aquella mañana; y silbaba mientras andaba.

He estado aquí desde entonces. Escondido. Esperando. Parte del puente.

Observo desde las sombras cuando pasa la gente: paseando a sus perros o hablando o haciendo las cosas que hace la gente. Algunas veces alguien se para debajo de mi puente, para quedarse un rato, mear o hacer el amor. Yo les observo, pero no digo nada; y ellos nunca me ven.

Simplemente me voy a quedar aquí, en la oscuridad bajo el arco. Os oigo a todos ahí fuera, oigo el trip-trap, trip- trap de vuestros pasos por mi puente.

Oh, sí, os oigo.

Pero no pienso salir.

AUTOR: Neil Richard Gaiman

El puente del troll

La Tecnología y un buen manejo del Tiempo

La sensación de que el tiempo no nos alcanza, sumado al ritmo vertiginoso con el que vivimos nos genera una ansiedad que no vivimos en otras épocas. No por algo el %40 de las licencias laborales, pre pandemia, estaban relacionadas al estrés.

Muchas veces, ante tantas obligaciones y «pendientes» nos vemos tentados en llevar nuestra atención a redes sociales, grupos improductivos de mensajería instantánea, juegos en el celular, páginas recreativas y cualquier otra APP o servicio de la red.

Según estudios de la Universidad de California, se necesitan unos 23 minutos para retomar una tarea una vez interrumpidos.

Según el informe semestral de Hootsuit, en el mundo invierten casi 7 hs del día en Internet, y en Argentina, pasamos mas de 1/4 del día conectados.

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Situación digital, Internet y redes sociales Argentina 2021

No todo el tiempo frente a las pantallas es malo; después de todo, muchos estudiantes asisten a clases a través de aplicaciones de videoconferencia. Así que el primer paso es evaluar qué partes del tiempo frente a una pantalla resultan tóxicas y te hacen infeliz. Podría tratarse de leer noticias o revisar Twitter y Facebook.

Sistemas para Ordenar tus tiempos:

David Allen, conocido por el método «Getting Things Done» (Resolver lo qué hay que hacer), dice que «tu mente esta hecha para tener ideas y no para retenerlas», es por eso que lo mejor que puedes hacer con todas esas tareas que te van surgiendo en la mente, las «bajes» a papel y liberes la mente, o mejor aun, a un sistema para ordenarse, el cual puede ser una simple nota en su celular, o sistemas más complejos como Trello o Monday.

Incorporar un límite de tiempo máximo al uso de cada aplicación seria saludable, para concientizar la práctica y acotar la posibilidad de consumir los contenidos, hoy ilimitados. Es posible medir la cantidad de horas frecuentadas en cada app desde los sistemas operativos de iOS y Android.

Otras herramientas, pueden ayudarte a revisar el tiempo y calidad de conexión, uno muy conocido es https://www.rescuetime.com/, el cual resume, cuan productivo fue tu día/semana/mes, luego de haber configurado cuales son tus tareas productivas y cuales no.

Existen otras APPS que nos sirven para ver el tiempo que utilizamos el celular, las mas conocidas son Quality Time y Log Work, por mencionar algunas, pero tanto Android como IOS tienen su propio informes del uso del celular. 

Las Apps son cada vez más adictivas, y son construidas de esta manera adrede. Un ejemplo claro es Whatsapp donde al llegar un mensaje, miles de personas se sienten obligados a leer y contestar cada mensaje mientras son interrumpidos en sus tareas.

El miedo a perderte algo, también llamado FOMO (fear of missing out) es parte de la ecuación al programar este tipo de APP.

YouTube reproduce automáticamente el siguiente video recomendado, sin mencionar el recorrido infinito por las actualizaciones de Facebook y Twitter.

Antes había un final natural para cada experiencia, como leer la última página de un libro, y una de las características más destacadas que las compañías tecnológicas han implementado es eliminar las señales de alto.

La idea entoncs es que uno pueda dominar a la tecnología y no a la inversa, para esto existen algunos “tips” para recomendar: 

Consejos:

  • Quitar las notificaciones o dejar las mínimas: Esto hará que el celular no te interrumpa y que vos seas el dueño de ir a revisarlo cada tanto. (Lo aconsejable es comunicar esta decisión a tu grupo más cercano de amigos y familiares).
  • Ordena tus APPS en el celular: Dejar las más útiles en la primera pantalla, mejorará la productividad al desbloquear el celular y utilizarlo.
  • Volver a un despertador y cargar el celular lejos de tu dormitorio al dormir.
  • Silencia los grupos de Whatsapp.

Ninguno de tus contactos debería enojarse por estos cambios, estar 100% online no es saludable, además que hace poco tiempo no era así.

Cuantas veces tomaste el celular para chequear algo en particular, revisaste algunos mensajes, redes sociales y volviste a bloquear sin haber hecho lo que tenías planeado en primer momento al desbloquearlo.

Antes de la pandemia, el promedio de tiempo diario que pasaba frente a la pantalla de mi teléfono era de tres horas y media. En los últimos ocho meses, esa cifra casi se ha triplicado.

Definamos algo: Una llamada hoy en día es importante y/o urgente, un mensaje no es una llamada y un mail no es un chat.

OTRA HERRAMIENTA BÁSICA PARA ORDENARTE: AGENDA/CALENDARIO:

Una tarea que se debe hacer un día y en un horario estipulado debería agendarse en un calendario.

Todos tenemos uno en nuestro celular, incluso, podemos tener más de uno. Podemos tener uno laboral, uno personal, uno familiar (para recordar las actividades de los hijos, cumpleaños, etc) y uno o más grupal (de los compañeros de trabajo, o algún proyecto en particular).

Es una buena costumbre chequearlo al comenzar la jornada, y para cada evento agendado, utilizar la opción de notificación unos minutos antes.

También es saludable revisar tu agenda, antes de confirmar alguna tarea a futuro.

Pruebe agendar un par de tareas que tendrá esta semana en su calendario y vera como comienza a organizarse.

LAS REUNIONES INNECESARIAS

CIPHR, una de las principales empresas de software de recursos humanos del Reino Unido, decidió analizar el verdadero costo del tiempo dedicado a las reuniones, así como qué más se podría hacer con este tiempo, mediante la creación de una calculadora de reuniones virtuales.

Hizo un calculo del costo de un empleado promedio por hora y esta calculadora muestra el dinero invertido en cada reunion.

Algo muy parecido logro hacer Pablo H. Paladino en su site Jomofis

https://jomofis.com/calculadora/ 

La próxima vez que esté a punto de enviar una convocatoria de reunión virtual, piense: ¿podría ser un correo electrónico en su lugar? ¿Todas las personas de la lista de invitados son realmente necesarias (o falta alguien importante)? ¿Realmente tomará una hora, o serán suficientes 15 o 30 minutos? Y cuando esté en una reunión virtual, respete el tiempo de sus compañeros de trabajo y no se desvíe del tema.

Del mismo modo, si bien las aplicaciones de chat son una excelente manera para que los colegas se mantengan en contacto de manera informal, demasiadas notificaciones pueden terminar siendo una distracción.

Si desea una respuesta a una pregunta que no es urgente, lo mejor es el correo electrónico.

Otros links importantes para organizar mejor las reuniones y hacerlas productivas: 

https://jomofis.com/una-herramienta-para-coordinar-los-horarios-de-una-reunion/ 

https://chrome.google.com/webstore/detail/time-cost-calculator/mbkfdbnilfllooepngjaigpmnhfhecbd 

https://chrome.google.com/webstore/detail/timecost-for-google-calen/cifjcccblkmebbpjcccleolaiigagpmf

COMO LOS CELULARES DESTRUYEN LAS RELACIONES – SIMON SINEK

PHUBBING O NINFUNEO:

Surge del neologismo que combina “phone” (teléfono) y “snubbing” (desdeñar, desairar) e indica el acto de ignorar a la persona que se tiene en frente por mirar la pantalla de un dispositivo.

El término no es tan popular como la acción, que una década atrás podía ser vista como una grosería y hoy parece incorporada a la cotidianeidad.

La adicción a internet, miedo a perderse de algo (FOMO) y la falta de autocontrol. es por el cual las personas comenzaron a percibir el ninguneo digital como algo aceptable. Uno lo comete, uno lo sufre. Todo el mundo lo hace.

Las personas desbloquean sus pantallas en promedio entre 120 y 150 veces por día. Cada seis minutos del tiempo que pasan despiertos, aproximadamente.

La cantidad de desbloqueos pueden medirlo para comprobarlo. Checky es una de las más difundidas, pero nuevamente, en Android e IOS tienen un reporte nativo para saber esta información.

ADICCIÓN O PROBLEMA:

¿Cuándo podemos pensar que ese uso aparentemente espontáneo y tan extendido de los teléfonos se volvió una adicción? Podemos respondernos esta pregunta si cuando sucede esto, generan problemas en la vida personal,  cuando interfieren en la relación con otras personas, cuando no permiten concentrarse en otras tareas o, si no puedo acceder a ellas por falta de batería por ejemplo, causa nervios, irritabilidad.  

La cuestión todo el tiempo tiene que ser quién está controlando a quién. ¿Yo controlo al teléfono o él está tomando el control de mi vida?

Hay muchas cosas buenas que hacer en línea pero la moderación a menudo es la mejor regla de la vida y lo mismo aplica para las pantallas”, dijo Jean Twenge, profesora de Psicología de la Universidad Estatal de San Diego y autora de “iGen”, un libro sobre las generaciones más jóvenes que crecen en la era de los teléfonos inteligentes.

FUENTES:

Martina Rua y Pablo Fernandez, autores del libro: La Fabrica del Tiempo 

Santiago Bilinkis, autor del libro Guía para sobrevivir al presente: Atrapados en la era digital. 

Laura Jurkowski (Psicologa, MN 19244), y autora del libro Efecto pantallas ¿Cómo lograr el equilibrio digital? 

Brian X. Escritor en Tech Fix, una columna del NYTimes.

La Tecnología y un buen manejo del Tiempo

“La pata de mono”

La noche era fría y húmeda, pero en la pequeña sala de Laburnum Villa los postigos estaban cerrados y el fuego ardía vivamente. Padre e hijo jugaban al ajedrez. El primero tenía ideas personales sobre el juego y ponía al rey en tan desesperados e inútiles peligros que provocaba el comentario de la vieja señora que tejía plácidamente junto a la chimenea.

-Oigan el viento -dijo el señor White; había cometido un error fatal y trataba de que su hijo no lo advirtiera.

-Lo oigo -dijo éste moviendo implacablemente la reina-. Jaque.

-No creo que venga esta noche -dijo el padre con la mano sobre el tablero.

-Mate -contestó el hijo.

-Esto es lo malo de vivir tan lejos -vociferó el señor White con imprevista y repentina violencia-. De todos los suburbios, este es el peor. El camino es un pantano. No se qué piensa la gente. Como hay sólo dos casas alquiladas, no les importa.

-No te aflijas, querido -dijo suavemente su mujer-, ganarás la próxima vez.

El señor White alzó la vista y sorprendió una mirada de complicidad entre madre e hijo. Las palabras murieron en sus labios y disimuló un gesto de fastidio.

-Ahí viene -dijo Herbert White al oír el golpe del portón y unos pasos que se acercaban. Su padre se levantó con apresurada hospitalidad y abrió la puerta; le oyeron condolerse con el recién venido.

Luego, entraron. El forastero era un hombre fornido, con los ojos salientes y la cara rojiza.

-El sargento mayor Morris -dijo el señor White, presentándolo. El sargento les dio la mano, aceptó la silla que le ofrecieron y observó con satisfacción que el dueño de casa traía whisky y unos vasos y ponía una pequeña pava de cobre sobre el fuego.

Al tercer vaso, le brillaron los ojos y empezó a hablar. La familia miraba con interés a ese forastero que hablaba de guerras, de epidemias y de pueblos extraños.

-Hace veintiún años -dijo el señor White sonriendo a su mujer y a su hijo-. Cuando se fue era apenas un muchacho. Mírenlo ahora.

-No parece haberle sentado tan mal -dijo la señora White amablemente.

-Me gustaría ir a la India -dijo el señor White-. Sólo para dar un vistazo.

-Mejor quedarse aquí -replicó el sargento moviendo la cabeza. Dejó el vaso y, suspirando levemente, volvió a sacudir la cabeza.

-Me gustaría ver los viejos templos y faquires y malabaristas -dijo el señor White-. ¿Qué fue, Morris, lo que usted empezó a contarme los otros días, de una pata de mono o algo por el estilo?

-Nada -contestó el soldado apresuradamente-. Nada que valga la pena oír.

-¿Una pata de mono? -preguntó la señora White.

-Bueno, es lo que se llama magia, tal vez -dijo con desgana el militar.

Sus tres interlocutores lo miraron con avidez. Distraídamente, el forastero llevó la copa vacía a los labios: volvió a dejarla. El dueño de casa la llenó.

-A primera vista, es una patita momificada que no tiene nada de particular -dijo el sargento mostrando algo que sacó del bolsillo.

La señora retrocedió, con una mueca. El hijo tomó la pata de mono y la examinó atentamente.

-¿Y qué tiene de extraordinario? -preguntó el señor White quitándosela a su hijo, para mirarla.

-Un viejo faquir le dio poderes mágicos -dijo el sargento mayor-. Un hombre muy santo… Quería demostrar que el destino gobierna la vida de los hombres y que nadie puede oponérsele impunemente. Le dio este poder: Tres hombres pueden pedirle tres deseos.

Habló tan seriamente que los otros sintieron que sus risas desentonaban.

-Y usted, ¿por qué no pide las tres cosas? -preguntó Herbert White.

El sargento lo miró con tolerancia.

-Las he pedido -dijo, y su rostro curtido palideció.

-¿Realmente se cumplieron los tres deseos? -preguntó la señora White.

-Se cumplieron -dijo el sargento.

-¿Y nadie más pidió? -insistió la señora.

-Sí, un hombre. No sé cuáles fueron las dos primeras cosas que pidió; la tercera fue la muerte. Por eso entré en posesión de la pata de mono.

Habló con tanta gravedad que produjo silencio.

-Morris, si obtuvo sus tres deseos, ya no le sirve el talismán -dijo, finalmente, el señor White-. ¿Para qué lo guarda?

El sargento sacudió la cabeza:

-Probablemente he tenido, alguna vez, la idea de venderlo; pero creo que no lo haré. Ya ha causado bastantes desgracias. Además, la gente no quiere comprarlo. Algunos sospechan que es un cuento de hadas; otros quieren probarlo primero y pagarme después.

-Y si a usted le concedieran tres deseos más -dijo el señor White-, ¿los pediría?

-No sé -contestó el otro-. No sé.

Tomó la pata de mono, la agitó entre el pulgar y el índice y la tiró al fuego. White la recogió.

-Mejor que se queme -dijo con solemnidad el sargento.

-Si usted no la quiere, Morris, démela.

-No quiero -respondió terminantemente-. La tiré al fuego; si la guarda, no me eche la culpa de lo que pueda suceder. Sea razonable, tírela.

El otro sacudió la cabeza y examinó su nueva adquisición. Preguntó:

-¿Cómo se hace?

-Hay que tenerla en la mano derecha y pedir los deseos en voz alta. Pero le prevengo que debe temer las consecuencias.

-Parece de Las mil y una noches -dijo la señora White. Se levantó a preparar la mesa-. ¿No le parece que podrían pedir para mí otro par de manos?

El señor White sacó del bolsillo el talismán; los tres se rieron al ver la expresión de alarma del sargento.

-Si está resuelto a pedir algo -dijo agarrando el brazo de White- pida algo razonable.

El señor White guardó en el bolsillo la pata de mono. Invitó a Morris a sentarse a la mesa. Durante la comida el talismán fue, en cierto modo, olvidado. Atraídos, escucharon nuevos relatos de la vida del sargento en la India.

-Si en el cuento de la pata de mono hay tanta verdad como en los otros -dijo Herbert cuando el forastero cerró la puerta y se alejó con prisa, para alcanzar el último tren-, no conseguiremos gran cosa.

-¿Le diste algo? -preguntó la señora mirando atentamente a su marido.

-Una bagatela -contestó el señor White, ruborizándose levemente-. No quería aceptarlo, pero lo obligué. Insistió en que tirara el talismán.

-Sin duda -dijo Herbert, con fingido horror-, seremos felices, ricos y famosos. Para empezar tienes que pedir un imperio, así no estarás dominado por tu mujer.

El señor White sacó del bolsillo el talismán y lo examinó con perplejidad.

-No se me ocurre nada para pedirle -dijo con lentitud-. Me parece que tengo todo lo que deseo.

-Si pagaras la hipoteca de la casa serías feliz, ¿no es cierto? -dijo Herbert poniéndole la mano sobre el hombro-. Bastará con que pidas doscientas libras.

El padre sonrió avergonzado de su propia credulidad y levantó el talismán; Herbert puso una cara solemne, hizo un guiño a su madre y tocó en el piano unos acordes graves.

-Quiero doscientas libras -pronunció el señor White.

Un gran estrépito del piano contestó a sus palabras. El señor White dio un grito. Su mujer y su hijo corrieron hacia él.

-Se movió -dijo, mirando con desagrado el objeto, y lo dejó caer-. Se retorció en mi mano como una víbora.

-Pero yo no veo el dinero -observó el hijo, recogiendo el talismán y poniéndolo sobre la mesa-. Apostaría que nunca lo veré.

-Habrá sido tu imaginación, querido -dijo la mujer, mirándolo ansiosamente.

Sacudió la cabeza.

-No importa. No ha sido nada. Pero me dio un susto.

Se sentaron junto al fuego y los dos hombres acabaron de fumar sus pipas. El viento era más fuerte que nunca. El señor White se sobresaltó cuando golpeó una puerta en los pisos altos. Un silencio inusitado y deprimente los envolvió hasta que se levantaron para ir a acostarse.

-Se me ocurre que encontrarás el dinero en una gran bolsa, en medio de la cama -dijo Herbert al darles las buenas noches-. Una aparición horrible, agazapada encima del ropero, te acechará cuando estés guardando tus bienes ilegítimos.

Ya solo, el señor White se sentó en la oscuridad y miró las brasas, y vio caras en ellas. La última era tan simiesca, tan horrible, que la miró con asombro; se rió, molesto, y buscó en la mesa su vaso de agua para echárselo encima y apagar la brasa; sin querer, tocó la pata de mono; se estremeció, limpió la mano en el abrigo y subió a su cuarto.

II

A la mañana siguiente, mientras tomaba el desayuno en la claridad del sol invernal, se rió de sus temores. En el cuarto había un ambiente de prosaica salud que faltaba la noche anterior; y esa pata de mono; arrugada y sucia, tirada sobre el aparador, no parecía terrible.

-Todos los viejos militares son iguales -dijo la señora White-. ¡Qué idea, la nuestra, escuchar esas tonterías! ¿Cómo puede creerse en talismanes en esta época? Y si consiguieras las doscientas libras, ¿qué mal podrían hacerte?

-Pueden caer de arriba y lastimarte la cabeza -dijo Herbert.

-Según Morris, las cosas ocurrían con tanta naturalidad que parecían coincidencias -dijo el padre.

-Bueno, no vayas a encontrarte con el dinero antes de mi vuelta -dijo Herbert, levantándose de la mesa-. No sea que te conviertas en un avaro y tengamos que repudiarte.

La madre se rió, lo acompañó hasta afuera y lo vio alejarse por el camino; de vuelta a la mesa del comedor, se burló de la credulidad del marido.

Sin embargo, cuando el cartero llamó a la puerta corrió a abrirla, y cuando vio que sólo traía la cuenta del sastre se refirió con cierto malhumor a los militares de costumbres intemperantes.

-Me parece que Herbert tendrá tema para sus bromas -dijo al sentarse.

-Sin duda -dijo el señor White-. Pero, a pesar de todo, la pata se movió en mi mano. Puedo jurarlo.

-Habrá sido en tu imaginación -dijo la señora suavemente.

-Afirmo que se movió. Yo no estaba sugestionado. Era… ¿Qué sucede?

Su mujer no le contestó. Observaba los misteriosos movimientos de un hombre que rondaba la casa y no se decidía a entrar. Notó que el hombre estaba bien vestido y que tenía una galera nueva y reluciente; pensó en las doscientas libras. El hombre se detuvo tres veces en el portón; por fin se decidió a llamar.

Apresuradamente, la señora White se quitó el delantal y lo escondió debajo del almohadón de la silla.

Hizo pasar al desconocido. Éste parecía incómodo. La miraba furtivamente, mientras ella le pedía disculpas por el desorden que había en el cuarto y por el guardapolvo del marido. La señora esperó cortésmente que les dijera el motivo de la visita; el desconocido estuvo un rato en silencio.

-Vengo de parte de Maw & Meggins -dijo por fin.

La señora White tuvo un sobresalto.

-¿Qué pasa? ¿Qué pasa? ¿Le ha sucedido algo a Herbert?

Su marido se interpuso.

-Espera, querida. No te adelantes a los acontecimientos. Supongo que usted no trae malas noticias, señor.

Y lo miró patéticamente.

-Lo siento… -empezó el otro.

-¿Está herido? -preguntó, enloquecida, la madre.

El hombre asintió.

-Mal herido -dijo pausadamente-. Pero no sufre.

-Gracias a Dios -dijo la señora White, juntando las manos-. Gracias a Dios.

Bruscamente comprendió el sentido siniestro que había en la seguridad que le daban y vio la confirmación de sus temores en la cara significativa del hombre. Retuvo la respiración, miró a su marido que parecía tardar en comprender, y le tomó la mano temblorosamente. Hubo un largo silencio.

-Lo agarraron las máquinas -dijo en voz baja el visitante.

-Lo agarraron las máquinas -repitió el señor White, aturdido.

Se sentó, mirando fijamente por la ventana; tomó la mano de su mujer, la apretó en la suya, como en sus tiempos de enamorados.

-Era el único que nos quedaba -le dijo al visitante-. Es duro.

El otro se levantó y se acercó a la ventana.

-La compañía me ha encargado que le exprese sus condolencias por esta gran pérdida -dijo sin darse la vuelta-. Le ruego que comprenda que soy tan sólo un empleado y que obedezco las órdenes que me dieron.

No hubo respuesta. La cara de la señora White estaba lívida.

-Se me ha comisionado para declararles que Maw & Meggins niegan toda responsabilidad en el accidente -prosiguió el otro-. Pero en consideración a los servicios prestados por su hijo, le remiten una suma determinada.

El señor White soltó la mano de su mujer y, levantándose, miró con terror al visitante. Sus labios secos pronunciaron la palabra: ¿cuánto?

-Doscientas libras -fue la respuesta.

FIN

Autor: W. W. Jacobs

“La pata de mono”

El calambre más vergonzoso de mi vida.

Cuando mi actual pareja quedo embarazada de mi segunda hija, yo me prometí hacer todo lo que ya había hecho con mi primer hija, incluso más aún. Fue entonces cuando me contó que se había anotado en un curso de preparto y me preguntaba si quería ir.

Como era un dia de semana en horario laboral, pedí permiso en el trabajo y pensé, inocentemente, que irían pocas parejas que podían darse el lujo de tomarse ese par de horas y asistir.

A penas llegamos supe que no había pensado bien las cosas. Estaba lleno de mujeres embarazadas, con panzas de distintos tamaños, y solo había un hombre mas acompañando a su pareja.

Supe desde un primer momento que ese hombre tenia alguna dificultad al caminar y se le notaba al moverse.

El lugar era amplio, con piso de parquet, mucha luz, barandas alrededor y una pared completamente espejada, como esos lugares que están hechos para dar clases de danza.

Comenzamos la charla con lo básico de lo que sucede antes, durante y después del embarazo, y como yo ya había pasado por eso con mi primer hija, incluso la experiencia única de asistir el nacimiento, me sentía como un estudiante que recursaba la materia.

Luego pasamos a los ejercicios de respiración, relajación y demás técnicas para el parto y todo transcurría normalmente hasta el momento que comenzaron a comentar sobre la importancia de estar en buen estado físico y nos pidieron que nos paremos y estiremos con un pie sobre la barra mas cercana.

Nunca fui el mas deportivo, pero al ver mujeres con panza enormes hacerlo, e incluso al único otro hombre que había asistido con su pareja y observar que lo hacia con su pierna ortopédica, como no hacerlo!.

Tome coraje, respire hondo y subí mi pierna a la baranda mas cercana, y fue ese preciso momento que me di cuenta que había cometido un enorme error.

Sentí un dolor que me quemaba toda la pierna desde el inicio de la misma, cerca del testiculo, hasta el dedo gordo del pie.

Me puse pálido y trate de no gritar, pero el dolor fue mas fuerte y algo deje escapar entre los dientes, porque mi pareja se dio vuelta a mirarme y se acerco rápidamente, sin antes taparse la boca y comenzar a reírse.

Pararon la actividad, me tire al piso boca arriba y en unos segundos estaba rodeado de todas las mujeres embarazadas, incluso el hombre con el pie ortopédico, saltando en una sola pata, se había acercado a observar este evento único y vergonzoso.

Trate de calmarme, la que dictaba el curso nos pregunto si queríamos que llamara a una ambulancia o emergencias, y con mucho orgullo y dolor le dije que no, obviamente.

No pude manejar el auto de regreso del dolor del tiron, y estuve toda la semana recordando el vergonzoso evento, soportando ademas las bromas de mi mujer de esos días y los venideros. Desde ese dia, cada vez que vemos una embarazada me siento obligado a contar la anécdota, primereando a mi pareja, tratando de minimizar mi versión del calambre más vergonzoso de mi vida.

El calambre más vergonzoso de mi vida.

El uno para el otro

Salir de casa para cenar con gente implica una serie de actividades molestas: bañarse, vestirse, perderse un partido de la Eurocopa, comprar un vino caro, sonreír dos horas sin ganas, a veces tres. Que te acompañen por las habitaciones para que veas una casa que no te importa. Dejar a tu hija con los abuelos, extrañarla. Cenar sin tele, sin cocacola, comer ensalada de primer plato, no desentonar, no fumar si no hay ceniceros a la vista. Muchísimo menos sacar la bolsita feliz. Son demasiadas cosas para la edad que tengo.

El viernes padecí una de estas cenas absurdas que ocurren cuando estás en pareja: Cristina tiene una amiga íntima que se fue a vivir con un señor. Hasta ahí todo bien. El problema empezó cuando entre las dos organizaron una cena. Corrijo: el problema empezó cuando me incluyeron en la cena.

Porque hasta entonces Cristina tenía una amiga soltera con la que almorzaba o cenaba cada tanto, pero ellas solas: yo no participaba en la relación. Pero ahora, que la amiga vive en pareja con alguien, me invitan. Supongo que por una cuestión de simetría.

—Quieren que conozcamos la casa —me dice Cristina—. Además él parece majo.

—Ningún hombre que acepta cenar a la misma hora que se juega la Eurocopa es majo —sentencié—. Es puto.

Llegamos a las nueve en punto, con un vino en la mano. Mireia, la amiga de Cristina, estaba radiante, colgada del brazo de este buen hombre, al que no conocíamos. La casa era la de él. Una casa moderna, en las afueras de Barcelona.

—Él es Pol —dijo Mireia.

—El famoso Pol —dijo Cristina, y le dio dos besos. Yo le di la mano y sonreí.

Pol era de esos tipos más jóvenes que yo, tres o cuatro años menos, pero que me generan el mismo respeto abismal que si tuviera veinte años más. La ropa le quedaba bien, estaba afeitado y se movía como si fuera grande. Esa clase de gente pulcra por convicción, no por mandato de la mujer o la madre. A Pol, con toda seguridad, nadie le dijo aquella tarde que se bañara y se pusiera perfume a los costados del cogote. Lo hizo solo, lo hizo por gusto. Era esa clase de gente incomprensible.

La cena, como es lógico, transcurrió por el andarivel de los lugares comunes. Una charla lánguida en la que se escuchaban los ruiditos de los tenedores contra los platos. Se notaba que ellas —Cristina y Mireia— tenían muchas ganas de hablar a calzón quitado sobre temas propios de mujeres; se notaba también que no lo hacían por culpa de nuestras presencias masculinas. ¿Por qué entonces habían organizado una cena de cuatro?

Más tarde entendí que ésa era la única manera de que Cristina pudiera conocer a Pol sin apuros —conocerlo de un modo social, quiero decir— para así después, a solas con su amiga, sacar conclusiones. Nosotros éramos muebles en la reunión, elementos anecdóticos. Y yo más que nadie.

Tuve una breve presencia discursiva durante la cena. Fue cuando el tema fue nuestra hija. No me cuesta hablar sobre esa cuestión y además los anfitriones parecían estar muy interesados en ella, aunque no tanto como para haberla invitado. Todo hubiera sido diferente con Nina en la mesa: yo habría podido hablar con alguien de mi edad.

En general la charla la llevaban las mujeres. Pol y yo nos sonreímos, en silencio, un par de veces. Al principio de la noche intenté sacar el tema futbolístico, pero no encontré respuesta por su parte. Él después me tanteó en cuestiones de negocios, pero yo bajé la vista y mordí una aceituna. No tardamos más de un minuto en sabernos incompatibles, y desistimos con hidalguía.

Sin embargo ocurrió algo que me reconcilió un poco con él. En cierto momento, a los postres creo, me hizo una mueca leve: entornó los párpados, levantó las cejas y movió la cabeza de arriba a abajo. Era el gesto masculino universal, el que dice: Hermano, aguantemos que falta poco. Me hizo bien saber que no era yo el único que llevaba el peso del aburrimiento en la mesa.

Cuando llegaron los cafés Mireia nos contó cómo se conocieron, ella y Pol. No podía faltar la minucia romanticona. Por lo que oí, ambos trabajan en la misma multinacional, ella de secretaria ejecutiva y él como responsable de recursos humanos. Aburridísima anécdota. El amor empezó a cuajar, por lo visto, en los pasillos de la empresa.

—De a poco —nos contaba Mireia, con una sonrisa gigante de mujer enamorada—, Pol empezó a hacerme obsequios imprevistos. Primero una flor, después un libro. Más tarde unas sandalias.

Pol sonreía, incómodo. Yo intentaba no mirarlo.

—Qué galán —dijo Cristina.

—Pero lo increíble de sus regalos —siguió Mireia—, es que nunca falló con mis gustos. La flor, una orquídea; el libro, de Coelho; las sandalias, de Koh-Tao…

—Como si te conociera de toda la vida —dijo Cristina, emocionada, y me miró con asco, posiblemente recordando el long play de Pappo’s Blues que le regalé para nuestro aniversario.

—Sí —aceptó Mireia, tomando la mano de su media naranja, y mirándolo a los ojos—, como si fuésemos almas gemelas.

Pol parecía intranquilo. No porque Cristina conociese esas intimidades rococó, sino por mi presencia observadora. A ningún hombre le gusta que otro escuche los detalles melosos de sus galanterías.

Hice un esfuerzo inhumano en favor de la raza:

—Pol —le dije, levantándome—, ¿me indicás dónde hay una terracita o algo, para fumar un cigarro?

Nos fuimos escaleras arriba, con dos cervezas. Todavía no habían desaparecido nuestros talones del comedor cuando las voces de Cristina y Mireia se convirtieron en murmullo cómplice y en risa ahogada: ya estaban hablando, por fin sin testigos, en el tono con que ellas solían hablar a solas.

—Disculpa lo del cigarro —me dijo Pol, ya acomodados en un balcón inmenso—, pero prefiero que los invitados fumen fuera.

—No quería fumar —mentí a medias—, quería salvarte de la charla cursi. Y salvarme yo también de tener que escucharla… Las intimidades me ponen nervioso.

—A veces conocer los secretos de los demás puede ser muy útil —me dijo con misterio, y bebió su cerveza.

Había cambiado la voz. De repente, al aire libre y con la luz de la luna, era otra clase de hombre, distinto al que había sido durante la cena. O eso me pareció.

—¿Quieres que te cuente, de verdad, cómo conocí a Mireia? —me preguntó, y aquí viene el motivo por el que estoy escribiendo esto.

—Contame, claro —y prendí un cigarro.

—Yo trabajo en tecnología, y aparte de que mis tareas incluyen controlar lo que hacen en Internet los cuatro mil empleados de la compañía, hace un año activé un sistema que me permite ver qué buscan los empleados en el Google.

—¿Eso no es ilegal?

—Es útil, lo útil nunca es ilegal —me dijo—. Google es una herramienta increíble. Las personas acuden a él como hace mil años acudían a los brujos, o al oráculo… La gente hace las preguntas más inverosímiles, pero son también preguntas decisivas. El buscador es una especie de Dios personal que no juzga, que solamente ofrece respuestas aleatorias, en general muy malas respuestas. Pero qué importa…

—Lo importante en tu trabajo no son las respuestas —intuí.

—Exacto —dijo Pol—. Lo que importa son las preguntas, las búsquedas en sí mismas. Un empleado con acceso a Internet busca cosas veinte o treinta veces por día…, diferentes cosas, siempre según su estado de ánimo y su necesidad vital. Si tú pones en papel las búsquedas que hace una persona en un año, tendrás el verdadero diario íntimo de quien quieras. El diario íntimo que nadie se atrevería a escribir.

Pensé en mis búsquedas privadas de Google. Me avergoncé tímidamente y le di la razón en silencio.

—La gente tiene inquietudes muy curiosas —me dijo Pol—. Ciertos gerentes de mi empresa, en apariencia muy seguros de sí mismos, buscan perfumes con feromonas para atraer mujeres. Por ejemplo. Algunas administrativas veteranas, con hijos ya adolescentes, ésas que se desviven hablando de su familia y tal, buscan todas las tardes videos de mujeres besándose. Hay un cadete al que le gusta ver fotos de viejas desnudas, ancianas de noventa años con las tetas por las rodillas, como uvas pasas, cosas por el estilo. Y así te podría contar la historia secreta de la Humanidad, a escala. Lo que hacen cuatro mil personas en una empresa no es muy diferente a los que hacen seis mil millones en el mundo entero.

Me vino a la cabeza, inmediatamente, aquel cuento de Borges en donde un cartógrafo decide componer un mapa que lo incluya todo y que, después de muchos años de trabajo, descubre que el mapa tiene la forma de su propio rostro. Estuve a punto de comentar esto, pero me interesaba mucho más que Pol siguiera con su monólogo.

— Desde hace un año, las búsquedas de todos mis empleados quedan guardadas en inmensos data warehouses —lo dijo en perfecto inglés—. Con esa información yo saco conclusiones a nivel management, claro. Pero también puedo saber, por ejemplo, qué tipo de flor le gusta a la nueva secretaria.

—O qué libro de Coelho.

Él rió.

—O qué marca de sandalia —me dijo entonces, con su verdadera sonrisa, que era una muy diferente a sus sonrisas de la mesa—…Mireia primero me entró por los ojos, desde el primer día que la vi aparecer por la puerta. Pero desde entonces mi trabajo fue minucioso: empecé a saber qué quería, qué temía, qué cosas la motivaban, qué compraba y qué vendía. En qué creía y, sobre todo, qué estaba dispuesta a creer. Con la mitad de esos datos, te follas a cualquier mujer en hora y media de charla. Imagina entonces lo que puede hacer un gobierno con las búsquedas de un pueblo entero.

Me lo imaginé y me dio asco. No el mundo, sino el nuevo Pol, el Pol de la terraza. Preferí mil veces al otro, al tímido que tomaba de la mano a su novia y la miraba a los ojos en la sobremesa. Pero ya no vería más a aquél, porque había conocido a éste. Y éste mataba al anterior.

El otro, el Pol galante y primerizo, seguramente era ahora mismo el tema de conversación en la charla femenina del comedor. Mireia le estaría confesando a Cristina que su novio nuevo era perfecto y sensible, que conocía mágicamente sus preferencias en la cocina y en la cama. Que le gustaban las mismas canciones, los mismos libros, que hacían el mismo zapping, que planeaban sus viajes con certeza telepática.

—Ahora estoy investigando a una tetona que entró hace dos meses al departamento de prensa —me decía Pol, pero yo casi no lo escuchaba—. Una rubia hermosa: le gusta ver fotos de gente atropellada. La semana pasada me le aparecí fingiendo una muñeca fracturada y me comió con los ojos. La tengo ahí, pidiéndome por favor.

Pero yo no estaba más en el balcón. Seguía pensando en la conversación de abajo. En la pobre Cris, escuchando y quizás envidiando todas aquellas maravillas sobre las parejas ideales y los varones perfectos. La idealización del amor, los hombres que usan la camisa adentro, los hogares libres de humo, la íntima sensación de haber dado con la persona correcta… El uno para el otro, siempre. ¿Por qué le regalé a Cristina ese long play para nuestro aniversario? ¿Qué buscará ella en Google? ¿Cómo se me ocurre pensar que a una catalana le puede gustar Pappo’s Blues? No. No hay respuestas para todo. No es bueno que las haya.


Hernán Casciari
18 junio, 2008

FUENTE: https://hernancasciari.com/blog/el_uno_para_el_otro/


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El uno para el otro

Reporte de Hootsuite – Julio 2020

Dos veces al año Hootsuite emite un reporte Mundial muy completo sobre Internet y redes Sociales, y una vez al año de diversos países incluido Argentina.

Esto es un extracto de la información que me pareció mas relevante para compartir:

Trafico de paginas visitas por dispositivo, los celulares llevan la delantera.
Chrome es el navegador mas utilizado (IE no muere aun).
Singapur es el país con mejor velocidad de Internet en el mundo y Gambia (Africa) la peor.
Argentina esta Nro 36 en el ranking mundial de velocidad (promedio) de Internet en el mundo.
Top 20 de Sitios mas visitados a nivel Mundial.
Porcentaje de usuarios activos en redes sociales comparado con la población en cada región.
Sudamérica tiene uno de los valores mas altos del Mundo.
Promedio de tiempo diario en redes sociales.
2.22 hs es el promedio Mundial, 3.21 es el de Argentina (Octavo en el Ranking).
Zoom es lo mas utilizado para videoconferencias, seguido de Meet (Google)
8.4GB es el promedio mundial de datos que se consume vía celular.
Top 10 de APP/Juegos desde celulares a nivel Mundial.
Porcentaje de usuarios de Internet comparado con la población en cada región.
Sudamérica esta por encima de la media del Mundo.
Whatsapp sigue siendo el mensajero mas utilizado del Mundo.
En Argentina seguimos teniendo mas lineas de celulares que personas viviendo en el País.
El 78% de la población tiene acceso a Internet en Argentina.
Top 10 de Sitios mas visitados en Argentina.
Actividades que realizan los usuarios de Internet en Argentina.
El celular es el dispositivo mas utilizado para jugar en Argentina.
Youtube sigue siendo la red social mas utilizada por los Argentino, seguida de Whatsapp, Facebook e Instagram.
Chat, Redes Sociales y Juegos dentro de las actividades mas utilizadas en los celulares de Argentina.
Mas de 15.000 millones de dolares se gastaron en el 2019 en Argentina en comercio electrónico.
Top 20 de búsquedas de compras en Google de Argentina.

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Si estan interesados en el reporte Completo Mundial de Julio
Si estan interesados en el reporte Completo de Argentina
Reporte de Hootsuite – Julio 2020

Home Office

El Home Office (contrato pre-establecido con modalidad full o part time de trabajo fuera de la oficina) que está netamente relacionado con el trabajo en CASA a veces se confunde con el término Teletrabajo (contrato modificado temporalmente o por fuerza mayor de trabajo a distancia) que se refiere a cuando trabajamos en un lugar distinto al establecido para trabajar, como por EJ un Coworking o un hotel cuando viajamos, pero en definitiva, sea un termino o el otro, este nuevo concepto vino para quedarse.

“El 42% de los argentinos trabaja más desde su casa que en la oficina, y para el 56% de los Argentinos, trabajar en modalidad home office es algo totalmente nuevo” FUENTE

Si bien para algunos de nosotros no es algo nuevo y es una modalidad que veníamos ejerciendo en el ambiente de Sistemas, para muchas de las empresas que aceptaron esta nueva modalidad (a la fuerza), entendieron que esta forma de trabajo tiene muchas ventajas para el empleador:

  1. El personal es más productivo (pautando ciertas reglas)
  2. Existe un ahorro sustancial de energía, limpieza, viáticos, etc. al no ocupar espacio en las oficinas a diario.
  3. Menor espacio físico destinado a oficinas (muchas empresas están pensando en devolver algunos espacios alquilados como oficinas antes de la pandemia)
  4. Beneficios fiscales varios, ya que el estado nacional incentiva esta modalidad.

Espacio de trabajo y herramientas tecnológicas

Trabajar en un espacio cómodo es fundamental y, frente a esto, el 47% está preparado para ello, ya que cuenta con un escritorio de trabajo. El 31% utiliza alguna mesa donde haya espacio, el 17% usa cualquier espacio de la casa que le resulte útil y el 4% aprovecha estar en casa y trabaja desde su cama o desde un sillón.FUENTE

“Distintos estudios estiman que en las condiciones actuales sólo alrededor de un cuarto de la población ocupada podría trabajar bajo la modalidad remota” FUENTE

Con lo cual, las empresas que quieran que su personal siga haciendo Home Office luego de la Pandemia deberá ofrecerle todas las comodidades y herramientas para que puedan hacerlo correctamente.

En algunos caso, algunos bancos lanzaron créditos especiales con taza muy baja para nutrir a las Pymes de equipamiento tecnológico necesario. FUENTE

Temas a tener en cuenta para un trabajo en casa acorde:

  1. Laptop o equipo que ocupe poco espacio (All in One) y sea ergonómico.
  2. Monitor secundario, base para que quede a la altura de los ojos si fuera necesario.
  3. Teclado y Mouse si no lo tuviera.
  4. Sillón ergonómico con ruedas y apoyabrazos.
  5. Base para apoyar los pie y dejarlos en 45 grados.
  6. Servicio de Internet acorde a sus funciones.
  7. Escritorio (dependiendo si no tuviese uno).
  8. Auriculares vincha con micrófono y/o cámara web (para video llamadas y poder aislarse y concentrarse en su domicilio).
  9. Teléfono con línea corporativa si el trabajo lo amerita, de todas formas, en horario laboral podrá estar comunicado vía mensajería o videollamada que la empresa elija.
De no contar con un lugar acorde, no rendirá de la misma manera que si lo tuviese.

Productividad en Home Office

El Home Office no es para todos, y no todos los empleos pueden llegar a amoldarse a esta modalidad, pero hay un porcentaje muy alto que si. ”Hay un 40% de los trabajos detectados por el INDEC en la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) que requieren críticamente de la interacción física para ser llevados a cabo” FUENTE

Un primer obstáculo que todos los trabajadores remotos tienen que atravesar es el de explicar a sus familiares (especialmente a los que viven bajo el mismo techo) la idea de que “estoy en casa pero estoy trabajando”.

Es algo sencillo de explicar pero difícil de respetar. Uno tiene más flexibilidad y más tiempo (el ahorrado en viajar) pero no está libre de responsabilidades. Hay que hablarlo, nadie se puede ofender por eso. FUENTE

El Home Office obliga a trabajar por objetivos, estos deben ser claros y medibles, y su jefe inmediato solo debe guiarlo y ayudarlo a conseguirlos. Esto exige un alto compromiso de ambas partes y debe quedar muy en claro que si bien cambia el entorno de trabajo no debe disminuir la responsabilidad sobre el mismo.

Existen herramientas varias a utilizar para lograr esto:

  1. Reuniones diarias de equipo o individuales (no deben ser extensa, deben ser puntuales, con agenda y de una duración de no más de 15´) con herramientas tales como MEET (Google), Skype (Microsoft), Jitsi, Zoom, etc.
  2. Algún tablero de control de seguimiento de objetivos (puede ser un sistema del tipo Lifetick o simplemente una planilla de cálculos de Google compartida en la nube)
  3. Alguna herramienta para llevar Tareas/Proyectos como Trello o Monday.
  4. Alguna herramienta de trabajo en equipo para minimizar correos tales como Chat (Google), Slack, Teams (Microsoft), etc.

De necesitar, por la tarea o la característica del empleado, de alguna herramienta de seguimiento diario laboral, o bien, una herramienta que mida productividad, existen un par que son muy útiles en este sentido:

  1. RescueTime
  2. Toggl
  3. ActivTrack
  4. HubStaff

Las dos primeras opciones son excelentes herramientas de monitoreo de tiempo productivo/improductivo, la cual puede ser solamente para el empleado, o puede ser compartida también esta información con su empleador.

Son herramientas que nos ayudan a ver en qué invertimos nuestras horas del día, pueden estar instaladas en todos los dispositivos que usemos (Computadora, celular, tablet), y nos pueden ayudar a mejorar a ser más productivos.

RescueTime permite revisar la productividad de uno o de un equipo de trabajo

Hay que tratar de evitar caer en sistemas que monitorean todo el tiempo la computadora y/o el empleado para no invadir su privacidad y además no ser engañado por este último (es muy fácil cumplir con horarios y no ser productivo en este tipo de herramientas). NOTA1 y NOTA2.

Sea cual fuere el sistema elegido, se recomienda dar aviso al empleado sobre la instalación del mismo, y tener en cuenta que no es legal instalar este tipo de software en equipos propios del personal a cargo sin su consentimiento, sólo podrá ser instalado en equipos provistos por la empresa.

Seguridad de la Información

Al trabajar en casa habrán datos sensibles que estarán circulando y al alcance de extraños a la empresa, es por esto que esta última deberá garantizar la encriptación del transporte de esos datos (VPN), mientras que el empleado será totalmente responsable por el uso que le da a la información.

Debe quedar en claro que las herramientas informáticas provistas sólo deberán ser utilizadas para ámbito laboral y no deberán utilizarse para otras actividades o integrantes de la familia (juegos, películas, etc), de la misma manera que estaba estipulado con las herramientas de la oficina.

También hay que dejar en claro que aunque no esté “a la vista” de sus compañeros o jefes, los sitios prohibidos siguen siendo los mismos desde las herramientas provistas por la empresa, ya que se podría incurrir en acciones legales que involucrarían a la firma ante un peritaje informático, además de incurrir en las normas éticas de la compañía y su personal.

Lo ideal es articular ademas algún seguro domiciliario por potenciales riesgos de siniestro a causa del equipamiento que la empresa entrega al teletrabajador.

Regulaciones laborales

“El 42% de los empleados le dedica más horas al trabajo desde su casa que en la oficina, mientras que un 40% cumple exactamente las mismas horas como si estuviera en su lugar de trabajo. Sólo el 18% admite relajarse y trabajar menos horas desde su casa.

Por otro lado, el 60% de los trabajadores está conectado con su equipo de trabajo durante esta cuarentena, el 31% se conecta con ellos solo cuando es necesario, y el 2% no logra mantener una buena comunicación a distancia.”FUENTE

Fácilmente se puede caer en la trampa de trabajar muchas más horas que las que trabajaría en la oficina por varias razones: es difícil separar los espacios (el living es mi oficina), se hace complicado cortar a horario, nos sentimos “culpables” o presionados por hacer más de lo que haríamos en una oficina.

Hoy ya se comienza a hablar sobre el Derecho a la desconexión el cual fija pautas claras de cómo manejar los horarios laborales en un ambiente distinto al de la oficina que al retirarse implicaba, naturalmente, dejar de trabajar.

En la Argentina no hay una ley específica sobre el Teletrabajo sin embargo existe un proyecto de ley enviado al Congreso de la Nación el 2 de julio de 2007 elaborado por la Comisión de Teletrabajo del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación. Hay que destacar que es perfectamente aplicable la ley de Contrato de Trabajo Nro 20744 como así también el Convenio Nro 177 sobre trabajo a domicilio de la Organización Internacional del Trabajo (O.I.T.) pues el mismo fue ratificado por la Argentina mediante la ley 25.800 y se trata de una norma de jerarquía supralegal que contempla en su articulado todo tipo de trabajo a distancia entre los que se encuentra el teletrabajo.

Sobre este proyecto de Ley y el software a instalar en los equipos informáticos hay que tener muy en cuenta el apartado “Respeto a la vida privada”: Donde se menciona que todos los sistemas de control destinados a la protección de los bienes e informaciones de propiedad de la empresa deberán salvaguardar la intimidad del trabajador y la privacidad de su domicilio. FUENTE

También se menciona la Cobertura de ART: “Los trabajadores deben tener cobertura de su jornada laboral semanal, con horarios aproximados y mención de días presenciales. La sugerencia es cubrir 24/7 para que el empleado tenga mejor rango de cobertura”. Y sobre Igualdad de derechos y obligaciones con el trabajador presencial: “El teletrabajador goza de los mismos derechos, beneficios y obligaciones de aquellos trabajadores que presten igual tarea en los establecimientos de la empresa; los mismos estarán sujetos a la legislación vigente y los Convenios Colectivos de Trabajo”.FUENTE

Si bien existen dos modalidades de teletrabajo, autónomo y en relación de dependencia, en Argentina la legislación prevé que cualquiera sea la modalidad contractual que el empleador seleccione y acuerde con el trabajador, se genera para el empleador la obligación de registrar esa relación laboral, inclusive durante el período de prueba, en el caso del contrato por tiempo indeterminado. Las empresas y organizaciones que contraten o empleen personas para tele-trabajar en relación de dependencia deben cumplir con las misma normas y disposiciones vigentes que para los trabajadores presenciales.

Existen beneficios fiscales para las empresas que adopten esta modalidad incentivada por el estado Argentino (Exenciones impositivas, quitas de pagos de contribuciones patronales y deducciones varias en impuestos) FUENTE

Resumen final

No se puede dejar de mencionar la contribución que presta a la mejora del medio ambiente, al disminuir la contaminación ambiental en las ciudades, a la vez que reduce la utilización de medios de transporte, lo cual mejora la calidad del mismo para quienes necesariamente deben movilizarse.

Home Office contribuye al crecimiento del empleo, al desarrollo de la empleabilidad de los trabajadores, la igualdad de género, la inclusión social incorporando al mercado laboral grupos en situación de vulnerabilidad (pueden trabajar en esta modalidad personas con poca movilidad, mayores o privados de la libertad), la calidad del diálogo entre los pares (fuerza a estar más comunicado), a la conciliación de la vida laboral, familiar y social, preservar el medio ambiente, mejorar la calidad de vida de los teletrabajadores, y a aumentar la productividad de las organizaciones que los emplean.

Tener la oportunidad de trabajar de forma remota es un privilegio. En el actual contexto de distanciamiento social ese privilegio se resume en autoaislarnos y evitar así contagios masivos pero en condiciones normales, el sólo hecho que exista la opción, hace que seamos parte de un sector de la economía (en mi caso Sistemas) que goza de una gran ventaja y privilegio. No olvidemos nunca eso.

Las tre C del Home Office se resumen en Compromiso+Cumplimiento+Comunicación FUENTE

Home Office

Keynote Apple 2019

Apple Arcade

Appe Arcade es la plataforma de Apple para lanzar juegos exclusivos, algo asi como el «Netflix de los Juegos», similar a STADIA de Google.

Apple Arcade ofrece más de 100 juegos en su lanzamiento en las 156 tiendas App Store de todo el mundo y Apple promete que estos irán aumentando con el tiempo.

Apple Arcade es un servicio integrado dentro del App Store y que permite el acceso libre y descarga de juegos de pago como si los hubiéramos comprado. El servicio soporta «En Familia» por lo que si tenemos una cuenta familiar, los hasta 5 miembros de esta podrán acceder a los juegos, descargar y jugar a ellos con un único pago.

El catalogo tiene juegos exclusivos de KONAMI, CAPCOM, ANNAPURNA, y SEGA.

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Estará a partir del 19 de Septiembre (junto al lanzamiento del IOS13) a un costo de U$S 4,99 por mes, con un mes de prueba gratis.

Apple TV+

TV+ es el servicio de Streaming de Apple (el Netflix de Apple), el cual tendrá series exclusivas como «The Morning Show», «See».

En Marzo cuando se lanzo oficialmente Apple TV +, se menciono sobre la presencia de varias de las estrellas que harán parte de sus shows, entre las que se encuentran Steven Spielberg, Jennifer Aniston, Reese Witherspoon, J.J. Abrams, Jason Momoa, Steve Carell y los personajes de Plaza Sésamo Abelardo y Cody.

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Estará a partir del 1 de Noviembre a un costo de U$S 4,99 por mes, Plan Familiar.

*Comprando un producto de Apple, subscripcion por 1 año gratis.

IPAD 6th Generation

Ipad 6th generacion, 10,2″ retina display, 3.5 millones de pixeles, el doble de performance que una PC, CPU A10 Fusion del actual modelo iPad 2018, mantiene los bordes del modelo anterior (no es como el iPad Pro), tiene Smart Connector para teclado como el Pro y porte para el Pencil 2, y su diseño está creado en aluminio reciclado 100%.

Nuevo sistema Operativo: Ipad OS, multitasking, toma directamente pen drives en su USB C.

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Estará a partir del 30 de Septiembre a un costo de U$S 329.

Apple Watch Series 5

Nuevo Always On Retina (no se apaga nunca) Display, LPTO una pantalla mejorada que permite refrescar dinámicamente a 60Hz la pantalla mejorando la visión, nuevo sensor de luz, una batería de 18 horas de uso intensivo ( unas dos o 5 horas más que ahora) – recordemos que es en uso intensivo y continuado, Brújula añadida, nueva medida de seguridad «llamada internacional de emergencia» (aun sin Iphone), modelos en tres colores diferentes con aluminio 100% reciclado y un nuevo modelo de titanio.

Apple anuncia nuestros estudios del corazón, al estilo de cómo lo hizo anteriormente., en este caso un estudio de salud de la mujer.

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Estará a partir del 20 de Septiembre a un costo de U$S 399.

*Series 3 a U$S 199.

Iphone 11, Iphone 11 Pro

Pantalla Retina de 6.1″, audio Espacial para situar el sonido y Dolby Atmos, viene en 6 colores diferentes, Bateria 1 hora mas que el Iphone Xr, resistente al agua hasta 4 metros 30 minutos (IP68), Micro A13 Bionic, carga inalambrica, Audio Sharing (permite conectar dos airpods a la vez)

iPhone 11 posee 2 cámaras de 12MP de gran angular con mayor campo de visión y cambia al combinación de cámaras de los modelos anteriores: en vez de un teleobjetivo y una cámara gran angular, ahora tiene un gran angular convencional y una ultra gran angular (de mayor visión)., por lo tanto en vez de 1x y 2x podremos hacer 1x y 0.5x para ver más cantidad de información en las fotos que hagamos, tiene nuevo modo noche que reduce considerablemente el ruido. 4K video a 60 fps, cinematic modo, Modo Quicktake dejando apretado el boton de foto filma, camara delantera de 12MP!, Slo motion Selfie.

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Iphone 11 estará a partir del 20 de Septiembre a un costo de U$S 699.

iPhone 11 Pro, en 3 colores, dos tamaños 6.5″ y 5.8″, con Super Retina XDR de 1200 NITS! para ver a luz directa del sol (El Watch tiene 1000 nits), Sonido Espacial como el nuevo IPAD, microprocesador A13 Bionic con 8.5 Billones de transistores, es el controlador que decide qué núcleos o cómo han de hacerse las operaciones ahora forma parte del motor neuronal y procesa directamente en Machine Learning, la bateria dura 4hs mas que el Iphone Xs y viene con Cargador de alta velocidad.

Tiene 3 camaras de 12Mb, (wide, ultra wide y telephoto), los nuevos iPhone Pro tienen las mismas dos cámaras que el iPhone 11, unido a una cámara teleobjetivo de 52mm de focal, f/2.0. Eso permite hacer el zoom out de 1x a 0.5x como el iPhone 11 o hacer zoom óptico a 2x en una misma fotografía. Con solo un click tenemos 3 fotos para elegir. Filman en 4K en 60fps, con Sneak Peek y Deep Fusion, con inteligencia artificial, al sacar una foto hace 9 fotos y la combinación de ambas genera una sola foto.

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Iphone 11 Pro MAX estará a partir del 20 de Septiembre a un costo de U$S 1099.

 

 

NO HAY «ONE MORE THINK» ESTA VEZ…

 

 

APPLE… Ya no sos mas Chevere.

Keynote Apple 2019

Presentacion de nuevos productos de Samsung #Unpacked

Galaxy Fold (Plegable)

Doble pantalla (4,6″ plegado y 7,3″ abierto), doble batería con 4.380mAh, nueva tecnología de bisagra, 12Gb de RAM, Multitasking real (3APPS simultaneas), 5 camaras (2 delanteras 10Mb y Wide , y 3 traseras 12Mb, ultrawide y Teleobjetivo)

Disponible desde el 26 de Abril a U$S 1980

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Galaxy S10

Infinite display (utiliza los bordes como pantalla), con Dynamic Tone Mapping (automaticamente mejora los tonos, contrastes y brillo de la pantalla), Ultrasonic Fingersprint scanner (desbloqueador de huellas debajo de la pantalla), 4 camaras traseras (12MB normal, tele camara, 16Mb ultra wide camara, y camara 3D) 2 camaras delanteras 8/10Mb, Video en 4K HDR plus, Super Steady Cam,  vendra con capacidades de 128Gb, 256Gb y 1Tb de almacenamiento, su microprocesador tiene 37% mejor performance que el S9.
La bateria de 5.000 mAh carga un 36% mas rápida que el S9 y el mismo S10 es un cargador inalambrico para el resto de los accesorios!, viene con Intelligent Wi-Fi V6, y en 3 versiones: Galaxy S10e (lite), Galaxy S10 y Galaxy S10+, todos compatibles con la nueva red 5G. Colores (prisma, negro, blanco, verde, azul, rosa y amarillo)

Disponible desde el 8 de Marzo a U$S 749 S10e, U$S 899 S10 y U$S 999 S10+

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Galaxy Buds

Viene con dual microfonos, 6 hs de bateria con una sola carga, cada auricular con una bateria de 58 mAh y el estuche de 252 mAh, Tiene traduccion simultanea en Aleman, Italiano, Español e Ingles, Traen cargador o pueden cargarse con el mismo Samsung Galaxy S10, disponible en color negro, blanco y amarillo.

Disponible desde el 8 de Marzo, a U$S 129.

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Galaxy Watch and Galaxy Fit

El Galaxy Watch viene con 5 ATM Water  resistent Watch, 1 semana de bateria con una sola carga, Sleep tracking (monitoreo de sueño), stress management (monitoreo de ritmo cardiaco), puede cargarse solo o con el Galaxy S10.

Tambien se lanzo la pulsera Galaxy Fit, es resistente al agua, pesa tan solo 23 gr, con funciones similares al Galaxy Watch.

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Presentacion de nuevos productos de Samsung #Unpacked